domingo, 25 de agosto de 2013

Mi reflexión desde la actividad practica

Las poblaciones con necesidades educativas especiales, algo sobre lo cual hay que hacer conciencia.
Colombia es una nación que por la calidad de su gente y la solidaridad que siempre se manifiesta entre todos sus habitantes, se ha hecho acreedora al título del país del sagrado corazón; siempre estamos orgullosos de nuestros logros y sentimos vibrar el alma cuando en otro país suena imponente nuestro himno por las metas que alcanzan nuestros compatriotas; estamos seguros de la pujanza y el valor que tiene nuestra raza y eso lo demostramos orgullosos cuando tenemos la posibilidad de defender nuestra sangre.
Sin embargo, existen cosas que ponen en entre dicho esto que hemos tomado desde siempre como realidad, una de ellas es la despreocupación con la que atendemos las dificultades de otros, considerando para ello que simplemente no son nuestro problema. No podemos hacernos los de la vista gorda cuando se genera el compromiso de trabajar por los demás, y quedarnos con la reseña de los escritos que en el mundo, nos señalan como gente amable que da la vida por sus hermanos. ¿Qué tan real llega a ser eso entonces?
Bien, a lo largo de este curso hemos estado analizando diferentes temas encausados hacia la educación especial y como docentes nuestra obligación es conocer aquellas cosas que intervienen directamente en nuestro ejercicio y ciertamente tenemos la responsabilidad de enmarcar nuestro trabajo en los procesos que propendan por la igualdad y los derechos de los alumnos; entonces es cuando aparece el gran interrogante ¿Qué hacer, cómo y cuándo con los estudiantes que “se salen de los esquemas y hacen parte de poblaciones vulnerables, N.E.E. o en condición de discapacidad? ¿Estamos realmente preparados para asumir los procesos desde nuestro conocimiento?
Los niños y niñas ubicados dentro de este tipo de población, se han visto en muchas ocasiones vulnerados, sus derechos han sido burlados de mil formas y generalmente esto obedece a la negligencia de un estado, a la inconciencia de su gente y al no acato de las instituciones educativas en cuanto a la adopción de modelos educativos que tengan en la inclusión uno de sus principios fundamentales. Cuando hablamos de esto, salen en su defensa muchas organizaciones que se ufanan de llevar a cabo una multiplicidad de proyectos y acciones en aras del beneficio de estas personas, sin embargo cuando volvemos los ojos a nuestros contextos, encontramos cosas muy diferentes, y no porque esas acciones no se ejecuten, sino porque no es posible lograr efectos positivos si no existe un compromiso de todos los ciudadanos.
Entonces, para ver más detenidamente esto comenzaré por analizar varios temas así:

El estado:
Tenemos como referente un Estado democrático, desde el cual se defiende con ahínco nuestra máxima reglamentación, y con esto por supuesto nos referimos a la constitución política, en donde además de exponerse las normas generales por las cuales se rige la población civil, también se nos muestran lo que se constituyen como nuestros derechos fundamentales; entre estos se contempla la igualdad y el derecho a la educación como dos de los más importantes.
Partiendo de aquí, comenzamos a tejer toda una serie de situaciones que nos llevan de viaje por el territorio nacional, y que de hecho nos recuerdan un documento muy relevante abordado durante el curso, “las políticas de atención a poblaciones vulnerables”, el estado entonces asume esos derechos y los extiende a diferentes grupos de personas como lo son los habitantes de fronteras, menores en riesgo, población rural, población iletrada, comunidades étnicas, población afectada por la violencia y menores con N.E.E., suponiendo desde allí la necesidad de generar un trabajo especializado para atender sus necesidades e integrarles a la sociedad dentro del marco de la igualdad; aun así es evidente para nosotros que el panorama es de otro color, no tenemos muchas diferencias cuando encontramos de hecho a poblaciones étnicas desatendidas e incluso explotadas en campos como la minería sin que se genere una intervención por parte del estado en donde realmente se manifiesten acciones para su beneficio. En las fronteras la preocupación evidente se inclina por el lado de la economía, el intercambio monetario ocupa el centro de atención, así como las importaciones y exportaciones con sus hermanos países, considerando esto como una situación persistente a lo largo de los años; los pueblos en los cuales se generan dificultades con respecto a las fronteras, solucionan sus problemas desde sus propias posibilidades, y la educación en estos casos es algo que también atienden por lo general por su propia cuenta.
Nos sentimos orgullosos de contar con organizaciones como FIDES, líder en procesos de rehabilitación para personas N.E.E y en condición de discapacidad, sin embargo desconocemos que en los colegios regulares, diariamente son rechazados una cantidad enorme de niño y niñas, por causas de conducta, padecimiento de trastornos u otros inconvenientes; ¿de qué nos sirve entonces hacer anualmente una “Teletón”, si finalmente en las aulas aún no hay conciencia para aceptar la diferencia?, cual es el esfuerzo del Estado, para garantizar la inclusión educativa y social de estas personas, si no se genera una real supervisión frente a los casos y procesos específicos que puedan indicar cuales son las acciones que realmente se toman.
Realizar una encuesta con respecto a la población iletrada, no ayuda a su formación educativa, las personas tienen derecho a la educación, así como ya lo vimos, se reza en la constitución política, intervenir es la opción.
El Estado entonces, tiene como responsabilidad, asumir de forma eficiente acciones y compromisos que indiquen un verdadero trabajo para las poblaciones N.E.E., y esto es una obligación permanente.

La sociedad:
Somos una sociedad inconsciente, que pretende ganar indulgencias con simples donaciones, de que puede servir esto si los grandes empresarios siguen rechazando personas por estar condenados a una silla de ruedas, por tener problemas visuales o por tener cualquier otra limitación. La sociedad es fundamental para el desarrollo de estas personas, pero irónicamente es de donde viene la mayor parte del rechazo; no podemos ser hipócritas, no podemos pretender clasificar a la población en “útil” e “inútil”, esto además de inhumano es ilegal, y como ciudadanos debemos tenerlo claro.
Establecer metas y propuestas que nos inciten a tomar conciencia, a aceptar la diferencia y a ayudar verdaderamente a las personas que lo requieren, es un gran reto, pero algo necesario para convertir lo que hasta ahora solo suena como un planteamiento optimista pero utópico, en algo real al beneficio de una población ávida de un trato digno e igualitario.

La familia:
Nuestras familias suelen ser amables, solidarias y dispuestas, sin embargo también aquí es necesario tomar conciencia para no perdernos; el acompañamiento familiar siempre será fundamental para el proceso de las personas N.E.E., su vida afectiva y la atención temprana, son fundamentales para ser agentes cooperantes con su evolución.
No sentir vergüenza, amar sin medida, tener presente que todos somos iguales, acudir a las instancias necesarias cuando se requiera y no desfallecer, son algunas de las arduas tareas de las familias que en su núcleo abrigan a personas ubicadas en estas población.
La escuela:
La educación es el mayor compromiso, tener presente en las instituciones educativas, la importancia de contar con proyectos, recursos, un currículo pertinente, docentes idóneos y la entrega suficiente para albergar a estudiantes N.E.E. en un reto más, que infortunadamente no ha sido establecido en muchas aulas académicas. Recordemos que la igualdad también es un principio de la educación, que la formación y el alcance de metas debe ser procurado desde un concepto que permita a los alumnos tener conciencia y respecto por la diferencia; el hombre así como lo indicó alguna vez Rousseau, “NACE BUENO, PERO LA SOCIEDAD LO CORROMPE” y de no generar espacios de concientización desde nuestros salones de clase, es muy posible que los niños que hoy atendemos, sean los mismos encargados de negar posibilidades mañana a quien esperan una mano para ayudarles.
Seamos conscientes desde ahora, y procuremos que nuestro trabajo sea realmente acorde a los principios de nuestra profesión y podamos formar alumnos en el marco de la igualdad y la competencia, sin importar que tipo de problema pueda llegar a padecer. Esto hará posible ser más humanos y sobre todo más diligentes con los asuntos que respectan a estos casos particulares en nuestro ejercicio.


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